Curioso debate el que hemos vivido esta semana con los toros como excusa y su prohibición en Cataluña. Para marcar terreno, parto de la base de que he acudido en alguna ocasión a una plaza de toros para ver corridas de toros. Y no me siento peor que alguien que no lo haya hecho nunca. Pero también es cierto que no tengo ni un sólo argumento que defienda la pervivencia de la denominada ‘Fiesta Nacional‘.
Es verdad que sorprende que una actividad de este perfil haya sobrevivido a los siglos y se haya plantado en pleno siglo XXI. Y si eso ha id así es porque se trata de una fiesta muy arraigada en el pueblo. ¿Eso es bueno? ¿Es malo? ¿Debe ser esa la excusa para justificar su existencia? No. O sí. Quién sabe.
Hasta este momento he leído muchos comentarios sobre este tema. Los contrarios a los toros defienden su postura diciendo que una corrida es como llegar a la casa de alguien y asesinar a su mascota. Bueno. Eso, en principio implica un allanamiento de morada, y muchos problemas. Porque las corridas se llevan a cabo en espacios habilitados para ello. El que va es porque quiere y nadie que no quiera ir pues no va. Por eso no entiendo la prohibición.
Hay quien dice que se tienen que prohibir porque son los derechos de los animales los que están en juego. Y no les falta razón. Esa puede ser la causa que justifique realmente una norma tan restrictiva como la aprobada recientemente por el Parlamento catalán. Pero en esa tesitura, ¿no es igual de bárbara la tradición de los toros embolados? ¿Tiene que morir el animal para que sea considerada ‘salvaje? Es más, eso de los toros embolados, se hace en mitad de la vía pública y no en un recinto acotado.
El debate es controvertido. Y no soy capaz de manifestarme, salvo en una línea que entiende que esa Fiesta debe desaparecer y lo hará tarde o temprano. Pero el día que lo haga que sea porque la ciudadanía sea consciente de que mantener esta tradición no está en consonancia de una sociedad moderna y desarrollada, y la decisión no quede emborronada por matices políticos como los que han estado presentes en Cataluña, que han restado vigor al debate y algo de credibilidad.



#1 by Jesús Lens on 31 Julio 2010 - 15:56 pm
Lo argumentos en pro y contra son conocidos. Convencernos será imposible. Pero, ¿qué pasa con las langostas en los cocederos de marisco? ¿Y con los pollos de las granjas y con el hígado del paté de oca?
Lo que me indigna es que muchos antitaurinos declarados, en realidad, son avestruces…
#2 by Nefer on 31 Julio 2010 - 16:33 pm
Lo que me parece absurdo es que se “politice” con estas cosas como se ha hecho en Cataluña. Si se prohíben los toros por el sufrimiento del animal, por qué no se prohiben los correbous? ah no, es que eso es una tradición “catalana” muy arraigada, pero el toreo es algo muy español… Alguien ha pensado que si se suprime la fiesta, desaparece el toro de lidia? Y qué pasa con las matanzas en los pueblos? vamos a suprimirlas también porque también se tortura al cerdo y encima nos lo comemos. En fin…
Besillos.
#3 by Bomarzo on 1 Agosto 2010 - 22:28 pm
Lo peor de todo esto es para lo que está sirviendo la defensa de los derechos del toro.