Archivo categoría Cuaversos de Bitácora

Pasa el tiempo en la playa

Desgraciadamente, el tiempo

no hizo caso a tu deseo

y no dejó de pasar, como sin querer,

arrugándonos un poco más

a cada instante.

Como mucho, su benevolencia se plasmó

en la sustitución, siempre agradable,

del tictac torturador e inquietante del reloj

por la cadencia suave de un rompeolas en verano

un día de levante estival.

Sin duda que seguimos envejeciendo,

aunque el matiz de hacerlo juntos

engrandece este viaje de no retorno

al que llamamos vida.

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Hacía frío anoche

Cuatro años contemplan a estos versos escritos en la que fue mi primera incursión bloguera sin ser consciente aún de lo que encerraba eso.

Con la mirada perdida en tu horizonte
Con las manos buscando tu vida
Con la boca llena de despedidas
Con los ojos repletos de miradas
Árboles desnudos de hojas
Bancos demasiado fríos
Besos que son arena de desierto
Poemas que no terminan de escribirse
Palabras que merecen la pena
Almas encantadas de descubrirse
Abrazos que suenan bonito
Caricias que se escapan juntas
Bolsillos rpletos de nervios
Pasos a nivel sin barrera

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXXII). Fin de curso

Se acaba la segunda temporada de los Cuaversos, al menos en esta bitácora. Volveremos, imagino, supongo, espero, el próximo mes de septiembre. Eso significa que la poesía se irá del Jardín? No. Eso nunca. Sólo que los miércoles serán de otra forma. Leer el resto de la entrada »

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXXI). Soñar no cuesta nada

Enhebrar palabras dejadas al azar

en los bolsillos donde se guardan las cosas importantes

y coser las letras de tu nombre

a las palmas de mis manos.

Mirarte a los ojos

con el anhelo de un buenos días

prendido en la punta de la lengua,

o con un buenas noches en los dedos

convertidos en presos de tu espalda.

Guardar silencio con el tuyo,

compartir el verbo de tu verbo.

Proteger tu fornida osamenta y ser

el colchón sonoro en el que descanse tu risa,

abrazarte en este verano que no termina de estallar…

Grabar en mi cuello tu nombre

y perderme en la encrucijada propuesta

y de la que nunca quisimos huir.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXX). A la orilla de la vega

En esa orilla de mar tan oscuro,

un mar sin rompeolas ni estridencias,

un mar de cultivos y barbecho,

declaré a beso en grito que te amaba

tras las tapias de vecinos curiosos.

El grito fue raptado por una lechuza

tan urbana como tú y como yo

en aquel entorno de mar interior

que exhalaba un aliento a tabaco recién plantado.

Asomados al abismo del fin del mundo

y abrazados a nuestros miedos,

tú a los míos. Yo a los tuyos

descorchamos la ansiedad

apretando nuestros labios, así,

en una mueca perfecta y húmeda

para sellar que un día seremos

aquéllo que nunca hemos dejado de ser.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXIX). Tú y yo

De mis párpados se cuelgan tus manos

y hacia el sueño me arrastra el deseo de ser

uno de los que acarician tu inconsciente.

En mi pecho aún se clavan tus huesos

y el vacío del abrazo dejado cuando tu mirada

de despedida adivinaba todo lo que andaremos.

En mi cuello dejaste tu nombre,

tallado con paciencia y tiempo

mientras que en mi espalda anidan

las cosquillas de un sexo pretérito

cosidas a los anhelos de lo por vernir.

En mi boca descansa la tuya

a la espera de acariciar tus besos…

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXVIII). Amor de acordeón

Parece que fue ayer

-me digo, al tiempo que te beso en el eco

del portal vecino-

cuando sentí la humedad de tus labios

en el reseco páramo de los míos.

El tiempo, en su relativa relatividad,

relativizó su paso constante y el año

hizo horas los días, minutos las semanas,

segundos los meses.

Parece que fue ayer

cuando la arritmia de tu pecho

encajó por última vez

en la mullida quietud del mío,

acostumbrado a distancias y acercamientos.

La verdad, querida,

-intento decirte mientras seguimos dialogando

con sintagmas ajenos, repletos de besos tan nuestros-

es que adoro el sonido de este amor

de acordeón desafinado

que se nos va y se nos viene y convierte los años

en reencuentros y portales.

Parece que fue ayer

cuando te dije que ya no me iré jamás

y es el eco de aquélla declaración de intenciones

lo que hoy se depositó en nuestra boca

justo antes de un beso juvenil y quinceañero

en la oscura promesa de un portal prestado.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXVII). Revoluciones silentes

Mis labios son incapaces

de destilar tanto odio esparcido

en esta atmósfera cerrada.

El olor a podrido exige abrir las paredes

con los dientes, si fuera preciso.

Que la luz conquiste las esquinas

y aniquile las palabras que

como bolas de pelusas, se generan

espontáneamente tras los muebles afilados de tu boca.

No hablamos de despedidas

sino de revoluciones y entierros

ausentes, privados de emoción, bajo una lluvia

de soledades.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXVI). Manos que no están

Miércoles, el día de los Cuaversos de Bitácora. Con ellos os dejo.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXV). Despedida

Miércoles. Tiempo de Cuaversos. es 14 de abril, aniversario de la II República. Me hubiera gustado escribir en tricolor, pero me ha salido esto. Lo siento.

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