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Talibanes de la fe
Estoy convencido de que esta noticia habrá despertado el recelo de todos aquéllos que se ven amenazados por “lo otro“. Casos como el de Fátima sirven para, entre otras cosas, que la gente se explaye sobre los “arcaicos” musulmanes. Es un tema recurrente para justificar desde un punto de vista moral, cualquier acción que se lleve a cabo contra lo musulmán. “Se han quedado muy atrasados”, “es imposible que sigan pensando así”… Y es verdad. Hay gente que no ha salido de la Edad Media, esa que pone tan facilón al Arzobispo de Granada.
Sin embargo, nos recreamos en la miga del ojo ajeno, sin ver la viga que hay en el nuestro. Es propio de nuestra moral católica, tan hipócrita ella. Porque si lo que le decían a Fátima es negativo y repudiable, ¿acaso no lo es tanto decir que una mujer que aborta merece cualquier tipo de abuso por parte del hombre? Si intentar dirijir hasta el más mínimo detalle de la vida de Fátima, a todos nos chirría, ¿no lo hace igualmente que la Iglesia pretenda erigirse en portavoz moral de todos, miembros o no de su club? ¿No es el mismo caso que el de los arzobispos que pretende que todas las mujeres se ajusten a una única moral?
Saquemos a la religión de la esfera pública. Devolvamos los debates sobre dioses y mitos a los templos y concedamos el justo valor que tengan. Acabemos con las intransigencias, con los talibanes que en nombre de no sé cuál divinidad, se permiten el insulto, el menosprecio. El Imán que destrozó la vida de Fátima merece un castigo, no divino, sino humano, legal, jurídico. En la misma línea que el Arzobispo de Granada, quien con una disculpa, expía su pecado y queda exento de responsabilidades legales.
Un profeta, considerado en hereje de su credo y fundador de otro, dicen que dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Hoy, 2000 años después, tenemos metido a Dios en cualquier asunto del César. Un ejemplo más de la prostitución de un mensaje.
Bula arzobispal
Concluir como lo hacía Pacheco, aquel personaje que llegó a ser alcalde de Jerez, que la Justicia es un cachondeo, es demasiado grave, por mucho que ella, la Justicia, decida más a menudo de lo que sería deseable, colocarse en situaciones difíciles. Ejemplos tenemos miles. Sin embargo, en más ocasiones de las deseadas, la Justicia no queda mal por una acción desproporcionada o equivocada. No hace falta. A veces es su inacción la que la cuestiona. Y eso está pasando con el caso del Arzobispo de Granada. Un señor, embajador del Estado Vaticano en esa archidiócesis, y máximo representante de la confesión católica allí, dice ante varios cientos de personas que el varón puede abusar de la mujer que aborta. Y eso no tiene consecuencia legal alguna.
Aún recuerdo que a la revista El Jueves intentaron empurarla por dibujar al Heredero y su esposa “empujando“, con el fin de dar más vástagos a la Corona, a cambio de 2.500 euros. Ese dibujo hizo saltar los resortes del Estado de Derecho, de una manera inmediata. La Fiscalía entró a saco y se llegó a juicio.
Dadas las actuales circunstancias, para ese mismo Estado de Derecho, una portada o una foto quemada, merece más protección que la integridad física de una mujer que, a los ojos de un líder religioso con un notable poder de influencia, por el hecho de abortar, es menos que nada. Para ellar, no hay Derecho, no hay reacción.
¿Recordáis lo que pasó con aquel líder musulmán que escribió un libro en el que legitimaba los malos tratos a las mujeres? España entera gritó contra eso y la presión mediática fue brutal. Pues, o yo soy muy tonto o el Arzobispo de Granada ha hecho lo mismo sin que la reacción sea igual.
Parece que la jerarquía católica española piensa que el ordenamiento jurídico no va con ellos y que existen otras leyes que no son las humanas que podrían amparar ciertas barbaridades como la protagonizada por monseñor Martínez. El silencio de la Justicia no hace más que corroborar esa idea maligna y les da alas a sus retorcidos pensamientos
Sobre mitras y sinvergüenzas

Monseñor Martínez en una de sus homilías en la catedral granadina (Foto: www.elmundo.es)
Monseñor Martínez afirma que la mujer que aborta abre la puerta que legitima el abuso del varón. Así. Sin tapujos. Al pan, pan. La Iglesia legitima el uso de la violencia contra la mujer. Y digo la Iglesia, porque según el Correo Web, diario que se hace eco de la noticia, la oficina de prensa de los Obispos del Sur, la cual distribuyó la barbaridad parida por este hombre, justifica tamaña aberración y la hace propia. En consecuencia, es la Iglesia misma la que entiende que si una mujer aborta, “el varón tiene entonces autoridad absoluta para hacer lo que quiera con ella y con su cuerpo“.
Y ¿sabéis qué es lo peor? Que en esa Catedral repleta de gente, de personas, de hombres y de mujeres(!!!), nadie, absolutamente nadie se levantó para decirle a ese individuo que los tiempos de las hogueras públicas ya pasaron y que justificar la violencia contra las mujeres desde un púlpito, no sólo es aberrante, sino nauseabundo y contradictorio con el manual de instrucciones con el que manipulan, afortunadamente, a cada vez menos personas. Pero voy más allá, porque conozco bien a la sociedad granadina, estoy convencido de que muchos de los presentes, entre ellas, muchas mujeres, están de acuerdo con esa salvajada.
Mi blog no tiene ninguna fuerza y el eco de mis palabras morirá a escasos metros de aquí. Sin embargo me gustaría que alguien (ya sea persona física o asociación), recoja las frases de quien habla de amor y legitima el abuso, y las lleve hasta dónde tenga que llevarlas, exigiendo una rectificación pública de Monseñor Martínez.
Por lo pronto os dejo dos cosas:
1.- El correo electrónico de la Archidiócesis de Granada para que se mande un escrito de protesta contra esa incitación a la violencia: arzgranada@planalfa.es
Una cosa más. Se ha preparado un texto tipo para que se mande al buzón de la Archidiócesis de Granada. Algunos blogueros, como Bárbara y yo mismo, lo ponemos a vuestra disposición para, si así lo queréis, lo hagáis llegar. Dice así:
“A la Atención de Don Francisco Javier Martínez, Arzobispo de Granada:
Quisiera mostrarle mi más sincero rechazo por las palabras pronunciadas por usted el 20 de diciembre de 2009 en la Catedral de Granada.
Considero que las mismas constituyen una incitación hacia la violencia contra las mujeres que en ningún caso tiene cabida en un Estado de Derecho como el nuestro y menos aún en usted, que representa a una Institución que hace del amor al prójimo su bandera.
Estoy bautizado/a contra mi voluntad y, por lo tanto, oficialmente soy católico y eso implica que debo sentirme representado por usted. Con este escrito quiero dejar constancia de que no es así y que sus palabras del pasado 20 de diciembre me conducen al convencimiento rotundo de que cada vez estoy más alejado de lo que usted representa.
Para finalizar, le ruego que haga una rectificación pública con el fin de evitar que alguien pueda tomar sus palabras al pie de la letra y cometa la barbaridad a la que su homilía invita con tanta irresponsabilidad.
Atentamente
Nombre y DNI
Muchas gracias.”
Solicito mi excomunión
Sí. Ya que la Iglesia amenaza con echar de sus filas a aquéllos que creen que el aborto no es un asesinato y que le corresponde a la mujer ejercer ese derecho, he decidido imitar a Ana Aldea y lanzar un mail a la siguiente dirección: conferenciaepiscopal@planalfa.es. En ese correo le exijo que, ya que estoy a favor del aborto, haga válida su amenaza y me saque de un club donde, me metieron a la fuerza, participé con gusto algunos años y en el que a estas alturas, no me apetece estar.
Y puesto que es posible que sea más sencillo lograr la excomunión que la apostasía, iniciemos este camino para el que te invito que me acompañes, si crees que debes hacerlo. Para ello, copia el texto del correo y manda el tuyo a esa dirección y llenemos su buzón de solicitudes de excomunión. A ver si se dan cuenta que bastante tenemos con el monopolio que se atribuyen en la gestión de las almas, como para tener que aguantar sus intentos en la vida terrena.
“Estimado Sr. o Sra.
Como miembro de la Iglesia Católica, bautizado y confirmado, me gustaría solicitar mi excomunión inmediata ya que no sólo defiendo la ley del aborto, sino que utilizo Internet para difundirla y para conseguir apoyos.
Ya que considero que uds. sólo pueden regular sobre mi alma, pero no sobre mi cuerpo, por lo anteriormente expuesto, por defender lo que ustedes llaman “el asesinato de nuestros hijos”, le ruego hagan efectiva sobre mí la amenza de excomunión que hicieron ayer públicamente.
Reciban un cordial saludo.”
La sombra de las cruces son muy alargadas
Desde que conociera la noticia de esta sentencia, he tenido tiempo de leer muchas tonterías. Como por ejemplo las que venían de Italia donde todos, gobierno y oposición, se colaban bajo el palio protector del Vaticano y anunciaban a bombo y platillo su sonora desobediencia, asintiendo con manifiesto servilismo a las palabras de la curia.
Otra de las tonterías venía de la mano del nuevo arzobispo de Sevilla, el cual decía, así, sin tapujos, que una minoría de padres (la que se supone que no quiere un crucifijo en los colegios públicos) debía fastidiarse y aceptar lo que la mayoría desea(?????), es decir, que la educación pública en España siga manteniendo su inconstitucional crucifijo en sus áulas.
Pues la verdad, ni creo que seamos tan pocos los que deseamos la desaparición de la cruz del ámbito público, ni estimo que los crucifijos en España deban permanecer un segundo más en los edificios públicos. Ni nuestros ministros y ministras deben jurar o prometer su cargo ante una cruz ni el Jefe del Estado debe besar la mano de un cura, por muy cardenal que sea.
Y ahora, el Tribunal de Estrasburgo nos permite acabar con esa barbaridad y a nadie le debe temblar el pulso hacerlo.
Primero. Porque es una ofensa para quien no practique esa religión ver los edificios del Estado presididos por ese símbolo.
Segundo. Porque la Constitucion Española define a España como un estado aconfesional, que si bien no es lo mismo que ser laico, sí impone un comportamiento alejado de cualquier preferencia hacia confesión religiosa alguna.
Tercero. Porque si bien el propio texto constitucional habla de la especial relación que tiene España con su pasado católico, no es menos cierto que el Estado también tiene firmados acuerdos de acción preferente con la comunidad hebrea y musulmana, en virtud también de ese pasado común con esas culturas, y no veo ni la Estrella de David ni la Media Luna en las sedes de organismos públicos.
Cuarto. Porque el hecho religioso debe pertencer al ámbito privado de cada persona, sin perjuicio de que quiera, en el marco de su libertad personal, hacer pública ostentación de los símbolos que representen a su credo, eso sí, como persona individual y sin interferir en lo público.
Quinto. Porque el Estado ni puede ni debe interferir en el ámbito religioso de las personas salvo para ordenar comportamientos contrarios al ordenamiento jurídico.
Sin embargo, en España la sombra de la cruz es demasiado alargada, tanto como la falta de cultura democrática en los sectores más conservadores que siguen reaccionando a la orden de quien ve amenazado su cortijo tras siglos de dominación y adoctrinamiento.
Halloween y los cementerios
Personalmente soy de los que piensa que esto de halloween es una soplapollez de un tamaño superlativo. Sin embargo es muy fácil de comprender que haya calado tanto entre los niños y jóvenes. Se asocia a la diversión y permite que el personal se pueda travestir con un punto gore… Y no neguemos la evidencia: Todos llevamos un travesti dentro.
Pero aún es más comprensible tamaño éxito si observamos de donde venimos, una tradición, la del Día de difuntos, que nos recuerda que un día moriremos, que la vida es efímera, que esto es un valle de lágrimas. Menos mal que el obispo de Sigüenza ya nos recuerda, merced a su preocupación, que la Iglesia no sólo piensa en el aborto, sino en lo que la calabaza, símbolo de halloween, les molesta pues nos quita tiempo para pensar en la muerte.
Para que no se me enoje el Páter le quiero dejar aquí un regalo. Espero que me perdone el puntito festivo que tiene, en una fecha tan sumamente triste, pero es que no me importaría que el Camposanto tuviera ese ambiente.
carta abierta a Rouco Varela. Mi vida es mía y no de su Dios.
Estimado señor Rouco (y disculpe lo de “estimado” porque en ningún caso lo es). Dos puntos.
A los jerarcas de su Iglesia siempre le han gustado las frases rimbombantes, citas de tronío bíblico que han servido a lo largo de la historia para asustar al personal, nada ilustrado y, en consecuencia medroso y manipulable. Sin embargo, siempre esas frases con eco basilical han tenido muy poco de contenido real. Incluso en ocasiones sólo han servido para esconder grandes mentiras.
Hoy, leo en El Mundo la última. Debo lamentar que no sea de su cosecha. El señor Blanco, don Benigno, un un hombre tan pío como rico, o al contrario, y líder de las familias de orden, las de verdad, las de toda la vida, ya lo dijo. Permítame que le recuerde lo mismo que hace Nacho Escolar en su blog, y defina a don Benigno -qué acierto de nombre- como cómplice del holocausto, pues durante algunos años fue Gobierno, Gobierno que no hizo nada por acabar con ese asesinato que es, a su juicio y el de otros muchos, el aborto.
Sin embargo, padre, -qué lejos está encajar en esa bellísima palabra-, me gustaría que usted no usara paralelismos entre holocaustos y abortos, pues, por desgracia, de ambas cosas, la Iglesia sabe y mucho. A un hombre de su inteligencia no hará falta recordarle la tibia actuación eclesiástica que tuvo el Vaticano mientras Hitler pretendía acabar con los judíos europeos. Incluso tampoco hará falta recordar lo presto que estuvo el Vaticano en facilitar salidas a los nazis que huían. Ni mucho menos, Eminencia, tendré que recordarle que de holocaustos su Iglesia podría escribir tratados (quema de brujas, herejes, protestantes, libros…). Pero también sabe mucho de abortos, ¿verdad? Cuántos escándalos yacen enterrados para siempre en las huertas de los conventos…
Señor Rouco, mi vida es mía. Y si, en cualquier caso, fuese de algún Dios, que no creo y a la que me negaría, estoy completamente convencido de que no sería del suyo, que no es otro que el Dios que socava, que restringe, que coarta y que justifica por siempre privilegios y divide a los ciudadanos por clases. Grite desde su púlpito lo que quiera contra el aborto e intente convencer a las socias de su club que practicarlo es pecado. Pero no imponga su Dios a nadie fuera de unos templos, cada vez más desiertos y donde el eco parece dejarles sordos.
La vida es vida, páter, si se vive con dignidad. La vida sin dignidad es el infierno con el que ustedes amenazan a diario y que se vive en la tierra, lo que pasa es que le pilla demasiado lejos de la Almudena.
Le deseo un feliz descanso y le ruego que nos permita descansar a los demás.
El PP recorta derechos
Ya lo dijo Rajoy, dando voz a esa España que el sábado se manifestó a favor de la vida, pero que nada dijeron cuando se atacaba Bagdad y eran otros los que morían. Y ahora el PP lo anuncia: Si llega al poder, modificará la ley del aborto.
Ea, pues ya sabéis, la derecha española no se esconde y opta una vez más por el recorte de derechos, por imponer una moral a toda la población, por negar autonomía a la mujer en su capacidad de decidir.
La hipocresia abortista del PP
Lo de la derecha española es para escribir un libro. Con cada actuación que protagoniza se hacen más patentes aquellas palabras de Jesús de Polanco (y que tan mal sentaron) reclamando una derecha europea para nuestro país: aconfesional, liberal, democrática ymoderna. A diferencia de eso, los conservadores españoles, herederdos del caciquismo reformista, poco han avanzado desde Romanones hasta nuestros días.
La derecha española sigue respondiendo a la orden de los obispos que, a falta de una formación política que defienda sus intereses, hacen del PP un pelele al que ponen firme cada vez que quieren. Y si en España hay un hombre que encarna ese rancio abolengo, esa sumisión al sector más ultra de la derecha que él mismo parece querer lidera, es José María Aznar. Megalómano empedernido, vigoréxico repentino, parece no encajar bien eso de estar en la sombra, y ha decidido comprometer -una vez más- la palabra del “no líder” popular Mariano Rajoy, en el tema del aborto.

La hipocresía de la derecha no tiene límites. Después de 8 años en el poder sin tocar ni un ápice la ley que regulaba la interrupción voluntaria del embarazo (que nadie olvide que la España imperial de Aznar, estado libre asociado de USA, se abortaba), ni la iglesia dijo nada, ni las asociaciones provida protestaron en forma alguna.
Ahora sí. Toca desgastar al gobierno. Y si con ello hay que encabezar una manifestación manteniendo una sonora contradicción, se hace que no pasa nada. El fin justifica los medios. La derecha española es así. Los escrúpulos los deja en casa. Miremos Valencia y nos daremos cuenta.
Así que, una vez más, tal y como ocurriera con los matrimonios homosexuales, el PP, con su Presidente perpetuo y honorable a la cabeza, se sitúa en la acera de los que pretenden recortar derechos individuales y algo mucho peor, imponer un criterio moral, superponer un pretendido valor espiritual a un derecho personal, individual, el de la mujer a decidir libremente sobre su embarazo.

Yo estoy por el reconocimiento de derechos y por unas normas alejadas de la moral. La moral la dejo para la vida privada de cada uno y a cada uno le doy la suya. Los tiempos de las cruzadas que algunos tanto añoran y de la evangelización forzosa del pobre infiel equivocado, quedaron atrás afortunadamente. Yo no quiero una España que de nuevo sea el Centinela de Occidente, el vigía moral de Europa. Yo quiero una España donde podamos tener derechos, todos, sin temor a que desaparezcan a golpe de isopo dado por mamporreros hipócritas.
Obispos que piden perdón
Por Bomarzo - ETA, España, Euskadi, Iglesia, PNV, País Vasco, guerra civil, memoria histórica - 13 Julio 2009
Uno de los protagonistas de la instantánea era monseñor Setién quien cuando era alguien importante, negó la posibilidad de celebrar funerales en templos cristianos a determinadas víctimas del terrorismo de ETA. No hubiera estado mal que, en ese caso, también se hubiese pedido perdón.
No obstante, se me ocurre pensar que la Iglesia pierde mucho el tiempo en tonterías. Las almas de sus fieles estarían más tranquilas si sus pastores centraran sus esfuerzos en sus verdaderos cometidos y dejaran al César lo que es del César.


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