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¿Todo vale?
Pues, al parecer, en España, sí. Incluso promover el desprestigio, alimentar los rumores, echar carnaza a los lobos. ¿Las consecuencias? Qué más da si, como decía Maquiavelo, el fin justifica los medios. Sólo la falta de cultura democrática de nuestro país provoca ejemplos tan sangrantes como que un partido le dé vida a ETA y rompa el consenso en política antiterroristas con fines electorales y, con las mismas, de pávulo y agite el humo del supuesto “desprestigio” de ZP para acabar con la crisis económica en España.
No creo en las conspiraciones. Pero tampoco en las casualidades. Y no es casualidad que, justo cuando a España le toca el turno de presidir la Unión Europea salgan esas noticias tan catastrofistas. Creo que la reacción del Gobierno ha sido positiva, es decir, ha salido a visitar los mercados internacionales más importantes para, de frente, cara a cara, exponer las virtudes de la economía española.
La de la oposición, un desastre. Airear, alegrarse y hacer humo negro de la economía española. La responsabilidad hubiera llevado a colocarse junto al Gobierno para, en clave internacional, ayudar a desmentir. Pero no. Porque aquí, a río revuelto, ganancias de gaviotas.
¿Quiero decir con esto que la política económica del gobierno sea positiva? No. Sólo que hay ciertas cosas que deben quedar atrás cuando de intereses nacionales (esos que tanto excitan a la derecha hispana) están en juego. La economía necesita calma, necesita estabilidad y el PP, una vez más, agita y sacude la alfombra para que el polvo sea noticia. Habrá que ver cuánto polvo se les mete en los ojos a ellos mismos.
Escondamos a los pobres
Rara es la ocasión que en alguno de los trayectos en Metro que hago a diario, no me saca del estado de ensoñación provocado por el traqueteo de los vagones, la música de algún artista callejero que se refugia en el subsuelo buscando con qué calentar el vacío bolsillo. Un reproductor de cd acoplado a un altavoz, transportado todo en el armazón de lo que debió ser un carrito de la compra. El conjunto lo completa una voz, la mayoría de las ocasiones, o un instrumento tocado con magisterio virtuoso. Puede ser un guitarra, una flauta travesera, un violín.
Ellos intentan sacar provecho de alguna virtud ahora que las cosas no les van demasiado bien. A cambio, tras un par de estaciones de interpretación, nos piden unas simples monedas que, en algunos casos son solicitadas con cierto rubor y mucha vergüenza. En esos casos, intuyo que la limosna es algo nuevo en su vida, algo aparecido de repente, quizás la última opción menos desesperada. Algo que, por otra parte nos podría pasar a cualquiera.
Y en estos pensamientos recuerdo que el alcalde de mi ciudad, el popular José Torres Hurtado, saca una ordenanza, sólo votada en contra por los dos concejales de Izquierda Unida, por al que, entre otras cosas, se prohibe la mendicidad. Granada no quiere que los mendigos estropeen la imagen turística de la urbe. Molestan las personas que nos recuerdan que no todo es tan de rosa como imaginamos. Nos hacemos un favor si damos la espalda a una realidad que nos insulta y define.
Imagino que, prejuiciosa como es esa tierra, no se puede permitir que el turista que acude a disfrutar de la Alhambra o del entorno de la Catedral, pueda llevarse una imagen inapropiada por culpa de algún pedigüeño. Para qué mostrar la miseria en el centro de la ciudad cuando puede vivir acinada en un barrio entero. Claro. La ordenanza por la convivencia sólo está pensada para el centro. Lo que pasa en las barriadas de la Zona Norte, importa menos, o nada. La ausencia de agua corriente, la existencia de aguas fecales anegando las calles, el absentismo escolar, la insalubridad manifiesta del entorno… Eso, eso es lo de menos. Por ahí no hay turistas. Ahí no se hacen fotos.
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Me preocupa
Me preocupa el modelo social que quede una vez salgamos de la crisis.
Me preocupa que seamos menos libres.
Me preocupa porque puede que estemos menos informados.
Me preocupa que siga siendo “el mercado” quien regule las relaciones económicas.
Me preocupa que no cambiemos las ideas a pesar de su fracaso.
Me preocupa que la izquierda carezca de rumbo.
Me preocupa que la derecha lo tenga tan claro.
Me preocupa que una Cruz sea imposible de quitar.
Me preocupa que no seamos capaces de hacer un mundo mejor.
Pero sí. Siempre seguiremos…


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