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Cuaversos de Bitácora 09 (XXIII). Ojalá.

En la punta de mis dedos pequeños,

anidan esas caricias de seda

perdidas en una travesía oceánica

de complicidades vivas.

Dejamos caer nuestra risa

sin un destino definido

y buscamos la comodidad excitante

de nuestros acentos hospedados

en el hotel de nuestros oídos.

En tu cama, palacio de besos,

estepa vacía, sus huecos, dices,

te recuerdan que nunca estuve

dando calor a tus sueños

aunque tus sábanas te regalen

mis olores hambrientos.

En el eco obtuso de la madrugada

se cosen a mi memoria

los ecos entrecortados de un quizás

o un tal vez, con la carita de un ojalá.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXII). Se acaba.

Piedra a piedra

dilapidamos pronombres

a la orilla del abismo

al que llamamos vida.

Fuímos especialmente crueles

con aquél que menos comprendimos.

Lo dejamos para el postre

de la opípara orgía

de reproches y males.

Reservamos el apetito más oscuro,

el colmillo más afilado

en la recta final del banquete.

Era como si nos quedase apetito aún,

como si la gula de nuestros reproches,

insatisfecha todavía

se cebase sobre la palabra imposible,

el concepto indeclinable,

una idea a la que nosotros

jamás pertenecimos.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XXI). Marino

Cada noche

la luna encalla en el arrecife de mis dedos

hundiendo la flota de sueños que inflaba

las velas de mi vida.

Cesaron abordajes

violentos con aroma a desayuno.

El mar muerto de mis días

es un cementerio de barcos a la deriva

con mascarones de proa ciegos

y arboladuras partidas por el desaire.

El viento cambió de ruta

secando la piel de las manos,

las miradas saladas y horizontales,

las palabras de un idioma marino.

Por la borda de babor

saltaron recuerdos, fotografías y parches

incapaces de tapar la brecha.

Por la de estribor,

sólo vi tu sombra despedirse de la mía

en una rápida maniobra

antes de que el mar

robara nuestros castillos de arena.

La luna

es un papiro en mis dedos

incapaz de curar las heridas

abandonadas por el salitre

a una suerte que dejó de ser suya

con aquel último beso.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XIX). No me pidas que sea eterno

La semana pasada fallé y me dolió muchísimo. Hoy no podía hacerlo.

He dejado la eternidad colgada
en la percha de la entrada de tu boca.
Podríamos decir, sin temor a error,
que me cansé de incumplir lo que sueño.
Ahora me limito a contar los minutos
sin buscar el rostro de lo siguiente;
a tener un ahora en mis manos
sin querer el para siempre de tus labios.
Y no me importa si cada noche,
con el beso que siembro en tu mejilla,
te pierdo enredada entre las estrellas invisibles
de esta ciudad sin horizonte.
En absoluto me importa moldear mi deseo
cada mañana, cuando hueles a café recién hecho,
y en tu voz humea el calor de la tostada.
Estoy dispuesto a superar el titánico esfuerzo
de quererte a diario, olvidado el ayer,
siempre que no me pidas que mi amor,
ese que acomodas
en la cuna de tus manos,
sea eterno.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XVIII). Ciudad que se duerme

La ciudad,

ese espejo asfaltado de caricias,

se marcha a la cama

dejando luces encendidas.

Los camiones de basura

conquistan, ruidosos

las calles.

Se llevan en sus remolques

toneladas de miradas vacías,

desperdicios en forma de tiempo

perdido.

Las paredes pierden su sentido,

tan vertical,

y acomodan su frialdad

en la espalda del poeta

sin sueño.

Entre sus dedos, la sal

de una olarompiendo

a la orilla de un deseo.

Granada consigue dormirse

en la humedad ebria

del peregrino

que conquista ventanas cerradas

encaramado en la púrpura de un semáforo,

armado por el aire de tu boca,

por el eco de un mensaje.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XVII). Esquema de lo que tengo.

Del silencio recibo

el más elocuente de los abrazos

ahora que los busco como la sombra el perro.

De la madrugada, besos,

ahora que mi piel se agrieta

en ausencia de labios que la hidraten.

De ti, mi anhelo,

la esperanza de una fértil primavera

de mordiscos y caricias,

ahora que mi cama está en barbecho.

De mí, sólo espero

estar despierto el día que de su boca

salga la jota de mi nombre,

ahora que mis oídos son un páramo

de ausencias vibrantes y gélidas.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XVI) Explosiones verbales

Tras la forzosa rabona de la pasada semana, regresamos a los Cuaversos. Saludos.

Recojo los restos del verbo amar

tras la explosión que me sacó del sueño.

Explotó la noche que los gatos dejaron de maullar

sus desafinadas melodías amorosas.

Llovía en Madrid

y las gotas dejaban llanto en los cristales.

Se acabaron los pretéritos,

se diluyeron los presentes,

se borraron los futuros.

Su onda expansiva

desnombró sustantivos borrados

y mató los que aún no habían nacido.

Ahora conjugaré verbos parecidos,

espejismos lejanos que alimenten mi sed

en desiertos extraños.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XV). Una flor en la zona 0

Ahora que mi vida anda cerrada por derribo

ofreces el sabor de tus suspiros para alimentar

mi boca seca de besos.

O el calor de tus piernas

para el invierno de mi sexo.

Ahora que soy un cero a la izquierda

irrumpes en la soledad de mi vacío

con las manos llenas de caricias por estrenar,

envueltas en tu piel tatuada.

Ahora que seguimos nuestros pasos

descubrimos el dolor que causaron nuestras

ausencias y los dedos que debimos usar

para tapar las heridas que causamos

al buscarnos.

Ahora que mi vida es una sombra

son tus manos las que barren escombros

y tu sonrisa la que enciende un sueño

en la vigilia de una realidad difusa

donde una palabra tuya bastaría para abrigarme.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XIII). Manos frías en mi rostro.

No sé si es porque hace 13 semanas que empezamos de nuevo y ese número marca. Pero el Cuaverso de esta semana ha salido así. Mis disculpas.

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Grito sonidos

que se agarran en mi pecho hasta

sangrar. Intento leer en los labios de cualquiera

-tú, por ejemplo, que lees este poema-,

todas las frases que en mi memoria suenan a viejo.

Sólo quiero descorchar el tapón

que satura mi garganta de rabia, polvo y sal

destilada de las lágrimas tragadas tantas noches de soliloquio.

Si ya ni gritar puedo,

tal vez lo haya olvidado por temor a despertar a alguien.

Si ni siquiera la voz quiere acompañarme, dime,

-tú que ahora lees este poema. Sí. Tú.-

Dime entonces qué solución queda

diferente a tomar una salida digna,

a recoger con la palma de mis manos secas

la frialdad que la palma de las tuyas dejó a fuego

en mi cara. Dime por qué no acunar tu sonrisa

ahora que ya no me queda nada.

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Cuaversos de Bitácora 09 (XII). Solos a golpes.

Un nuevo miércoles. Un nuevo Cuaverso. Una nueva cita.

Este poema habla de dos personas que se empeñan en querer quedarse solos. Hoy es el Día Contra la Violencia de Género. Hoy, en España, tenemos 46 razones para no ser felices del todo. Para esas 46 mujeres, este pequeño poema que quiere ser la voz que les fue robada, que le apagaron a golpes.

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Apaga la voz.

Deja esta habitación

a oscuras de sonidos propios.

Desnuda el silencio que nos abruma

y pinta las paredes de reproches

de ida y vuelta.

Deja que un nuevo día acaricie la soledad

que a golpes esquivos de ignorancia

levantamos sin apenas esfuerzo,

portándola en nuestros bolsillos

sin apenas hacerle caso.

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