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Raúl Madrid
No soy yo mucho de mitomanías, salvo si de Charlize Theron hablamos. Imaginármela al fondo de un pasillo, viniendo hacia mí, mientras se quita la roca y dice J’adore y entrarme cosquilas por todo el cuerpo, es todo uno. Pero no, al margen de veleidades y fantasías sexuales, no soy yo de mitomanías, salvo en un caso: Raúl.
Culillo de mal asiento
La vida está llena de ciclos. Unos los provocas tú. Otros te vienen dados por la fortuna. Cuando uno de ellos comienza, nunca se sabe cuándo acabará. Pero, al menos en mi caso así lo pienso, no cabe duda de que finalizará.
Hace un año y tres meses decidí venirme a Madrid para iniciar un camino profesional en la Cruz Roja. Atrás se quedaban muchos años (11) trabajando en el mundo de los medios de mi ciudad. 15 meses después de llegar a este rompeolas patrio, pongo fin a la aventura que me trajo.
Hoy, jueves ya, es mi último día de trabajo en la Oficina Central y su Departamento de Comunicación. A partir de enero se abre una nueva puerta profesional que me devuelve al mundo audiovisual y que me tiene ilusionado y expectante. Ya daré detalles del tema.
Ahora toca cerrar esta puerta con dignidad. Dejar la llave bajo el felpudo y sonreír al recordar los buenos momentos, dejando atrás los que no lo fueron tanto. Hoy me miro al espejo y me siento satisfecho, si no tanto de mi trabajo, sí de haber creado una atmósfera agradable a mi alrededor. No me llaméis presuntuoso. A esa conclusión he llegado al escuchar lo que me han ido diciendo mis compañeros al saber que me marchaba. Y pienso que, al final es eso lo que importa. Que durante el espacio de tiempo (el ciclo) que coincides con un grupo de personas, seas capaz de conseguir que cuando te recuerden lo hagan con una sonrisa.
Hoy son muchos los nombres que se quedan en el camino: Elena, Juanjo, José Luis, Laura, Parodi, Mariángeles, Jaime, Begoña, Miriam, María, Elisa, Pepe, Bará, Octavio, Cuevas, Marta…
Los ha habido especiales: Teresa, y sus gafas para oír mejor; Laura y su inocencia; Eva, mi reservada canariona, la otra Eva, mi archienemiga, Charo y su sonrisa… Antonio, Belén y Mayte, y ese “peaso” tele, cuyo patrón es San Juan del Parto.
Los ha habido intensos: Migue, el niño que le dió por crecer; Belén, y su corazón forrado a prueba de bombas; Vir, la mamá del departamento y a quien me llevo muy dentro; Pilu, y su ironía; Chesca y su orden; Oli y sus enseñanzas, mis respetos…
Y los ha habido de lazos, de esos que si intentas desatarlos, más se aprietan: Fran y su…. en fin, Fran; Cris, y su fuerza; Y Noe, a la que echaré mucho de menos.
No están todos los que son. Pero los que faltan que se sientan dentro. A todos, gracias. Y a Eva, por abrirme las puertas de Madrid.
Fue bonito mientras duró. Y la memoria hará que dure para siempre.
Nos vemos en los bares.



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