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Ojalá estuvieras aquí
Hace bastante que no colgaba una canción en estos fines de semana tan extraños en los que paseo en el último semestre. Siempre he dicho que mi vida es una enorme banda sonora de 34 años. Necesito canciones, necesito música. Con ella, todo es más fácil de explicar. Seguro, menos doloroso. También he contado muchas veces la influencia musical que he recibido de mis tíos. Los hermanos de mi madre han sido, en multitud de ocasiones, mis hermanos mayores. En especial Sergio. Pero también Eloy o Carlos. La música se la debo a ellos dos. Siempre alabé, tanto su discoteca particular como su buen gusto.
Hoy, me quiero quedar con un grupo que descubrí muy pequeño gracias a uno de ellos. Creo que fue Carlos quine me metió en “El Muro”. Después ya caminé por el lado oscuro de la luna y me encontré con este “Wish you were here”, que hoy comparto contigo
carta abierta a Rouco Varela. Mi vida es mía y no de su Dios.
Estimado señor Rouco (y disculpe lo de “estimado” porque en ningún caso lo es). Dos puntos.
A los jerarcas de su Iglesia siempre le han gustado las frases rimbombantes, citas de tronío bíblico que han servido a lo largo de la historia para asustar al personal, nada ilustrado y, en consecuencia medroso y manipulable. Sin embargo, siempre esas frases con eco basilical han tenido muy poco de contenido real. Incluso en ocasiones sólo han servido para esconder grandes mentiras.
Hoy, leo en El Mundo la última. Debo lamentar que no sea de su cosecha. El señor Blanco, don Benigno, un un hombre tan pío como rico, o al contrario, y líder de las familias de orden, las de verdad, las de toda la vida, ya lo dijo. Permítame que le recuerde lo mismo que hace Nacho Escolar en su blog, y defina a don Benigno -qué acierto de nombre- como cómplice del holocausto, pues durante algunos años fue Gobierno, Gobierno que no hizo nada por acabar con ese asesinato que es, a su juicio y el de otros muchos, el aborto.
Sin embargo, padre, -qué lejos está encajar en esa bellísima palabra-, me gustaría que usted no usara paralelismos entre holocaustos y abortos, pues, por desgracia, de ambas cosas, la Iglesia sabe y mucho. A un hombre de su inteligencia no hará falta recordarle la tibia actuación eclesiástica que tuvo el Vaticano mientras Hitler pretendía acabar con los judíos europeos. Incluso tampoco hará falta recordar lo presto que estuvo el Vaticano en facilitar salidas a los nazis que huían. Ni mucho menos, Eminencia, tendré que recordarle que de holocaustos su Iglesia podría escribir tratados (quema de brujas, herejes, protestantes, libros…). Pero también sabe mucho de abortos, ¿verdad? Cuántos escándalos yacen enterrados para siempre en las huertas de los conventos…
Señor Rouco, mi vida es mía. Y si, en cualquier caso, fuese de algún Dios, que no creo y a la que me negaría, estoy completamente convencido de que no sería del suyo, que no es otro que el Dios que socava, que restringe, que coarta y que justifica por siempre privilegios y divide a los ciudadanos por clases. Grite desde su púlpito lo que quiera contra el aborto e intente convencer a las socias de su club que practicarlo es pecado. Pero no imponga su Dios a nadie fuera de unos templos, cada vez más desiertos y donde el eco parece dejarles sordos.
La vida es vida, páter, si se vive con dignidad. La vida sin dignidad es el infierno con el que ustedes amenazan a diario y que se vive en la tierra, lo que pasa es que le pilla demasiado lejos de la Almudena.
Le deseo un feliz descanso y le ruego que nos permita descansar a los demás.


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