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Cuaversos de Bitácora 09 (XXX). A la orilla de la vega
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 9 Junio 2010
En esa orilla de mar tan oscuro,
un mar sin rompeolas ni estridencias,
un mar de cultivos y barbecho,
declaré a beso en grito que te amaba
tras las tapias de vecinos curiosos.
El grito fue raptado por una lechuza
tan urbana como tú y como yo
en aquel entorno de mar interior
que exhalaba un aliento a tabaco recién plantado.
Asomados al abismo del fin del mundo
y abrazados a nuestros miedos,
tú a los míos. Yo a los tuyos
descorchamos la ansiedad
apretando nuestros labios, así,
en una mueca perfecta y húmeda
para sellar que un día seremos
aquéllo que nunca hemos dejado de ser.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXIX). Tú y yo
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 2 Junio 2010
De mis párpados se cuelgan tus manos
y hacia el sueño me arrastra el deseo de ser
uno de los que acarician tu inconsciente.
En mi pecho aún se clavan tus huesos
y el vacío del abrazo dejado cuando tu mirada
de despedida adivinaba todo lo que andaremos.
En mi cuello dejaste tu nombre,
tallado con paciencia y tiempo
mientras que en mi espalda anidan
las cosquillas de un sexo pretérito
cosidas a los anhelos de lo por vernir.
En mi boca descansa la tuya
a la espera de acariciar tus besos…
Cuaversos de Bitácora 09 (XXVIII). Amor de acordeón
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 18 Mayo 2010
Parece que fue ayer
-me digo, al tiempo que te beso en el eco
del portal vecino-
cuando sentí la humedad de tus labios
en el reseco páramo de los míos.
El tiempo, en su relativa relatividad,
relativizó su paso constante y el año
hizo horas los días, minutos las semanas,
segundos los meses.
Parece que fue ayer
cuando la arritmia de tu pecho
encajó por última vez
en la mullida quietud del mío,
acostumbrado a distancias y acercamientos.
La verdad, querida,
-intento decirte mientras seguimos dialogando
con sintagmas ajenos, repletos de besos tan nuestros-
es que adoro el sonido de este amor
de acordeón desafinado
que se nos va y se nos viene y convierte los años
en reencuentros y portales.
Parece que fue ayer
cuando te dije que ya no me iré jamás
y es el eco de aquélla declaración de intenciones
lo que hoy se depositó en nuestra boca
justo antes de un beso juvenil y quinceañero
en la oscura promesa de un portal prestado.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXVII). Revoluciones silentes
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 12 Mayo 2010
Mis labios son incapaces
de destilar tanto odio esparcido
en esta atmósfera cerrada.
El olor a podrido exige abrir las paredes
con los dientes, si fuera preciso.
Que la luz conquiste las esquinas
y aniquile las palabras que
como bolas de pelusas, se generan
espontáneamente tras los muebles afilados de tu boca.
No hablamos de despedidas
sino de revoluciones y entierros
ausentes, privados de emoción, bajo una lluvia
de soledades.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXVI). Manos que no están
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 21 Abril 2010
Miércoles, el día de los Cuaversos de Bitácora. Con ellos os dejo.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXV). Despedida
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 13 Abril 2010
Miércoles. Tiempo de Cuaversos. es 14 de abril, aniversario de la II República. Me hubiera gustado escribir en tricolor, pero me ha salido esto. Lo siento.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXIV). Cerrado por derribo.
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 7 Abril 2010
Han sido muchas semanas sin citarme con los Cuaversos. Ayer, mientras esperaba la llegada de una par de amigos con los que quedé para una reunión, salió esto que hoy os dejo. Un saludo.
Pensé cerrar mi vida por traspaso,
hacer mudanza de recuerdos
y buscar otra primavera menos fría
en el recreo absorto de mí mismo.
El traspaso fue derribo
y la vida quedó en blanco y negro
como la zona cero o un aeropuerto
desierto de despedidas, sin besos
en los cristales, ni lágrimas que limpiar.
Nunca se me ha dado bien renacer,
quizás porque nunca lo hice.
Y temo al miedo, al vértigo,
a este catálogo de ausencias y reproches
que sustituyen al tradicional ‘buenos días’.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXIII). Ojalá.
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 24 Febrero 2010
En la punta de mis dedos pequeños,
anidan esas caricias de seda
perdidas en una travesía oceánica
de complicidades vivas.
Dejamos caer nuestra risa
sin un destino definido
y buscamos la comodidad excitante
de nuestros acentos hospedados
en el hotel de nuestros oídos.
En tu cama, palacio de besos,
estepa vacía, sus huecos, dices,
te recuerdan que nunca estuve
dando calor a tus sueños
aunque tus sábanas te regalen
mis olores hambrientos.
En el eco obtuso de la madrugada
se cosen a mi memoria
los ecos entrecortados de un quizás
o un tal vez, con la carita de un ojalá.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXII). Se acaba.
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 17 Febrero 2010
Piedra a piedra
dilapidamos pronombres
a la orilla del abismo
al que llamamos vida.
Fuímos especialmente crueles
con aquél que menos comprendimos.
Lo dejamos para el postre
de la opípara orgía
de reproches y males.
Reservamos el apetito más oscuro,
el colmillo más afilado
en la recta final del banquete.
Era como si nos quedase apetito aún,
como si la gula de nuestros reproches,
insatisfecha todavía
se cebase sobre la palabra imposible,
el concepto indeclinable,
una idea a la que nosotros
jamás pertenecimos.
Cuaversos de Bitácora 09 (XXI). Marino
Por Bomarzo - Cuaversos de Bitácora - 10 Febrero 2010
Cada noche
la luna encalla en el arrecife de mis dedos
hundiendo la flota de sueños que inflaba
las velas de mi vida.
Cesaron abordajes
violentos con aroma a desayuno.
El mar muerto de mis días
es un cementerio de barcos a la deriva
con mascarones de proa ciegos
y arboladuras partidas por el desaire.
El viento cambió de ruta
secando la piel de las manos,
las miradas saladas y horizontales,
las palabras de un idioma marino.
Por la borda de babor
saltaron recuerdos, fotografías y parches
incapaces de tapar la brecha.
Por la de estribor,
sólo vi tu sombra despedirse de la mía
en una rápida maniobra
antes de que el mar
robara nuestros castillos de arena.
La luna
es un papiro en mis dedos
incapaz de curar las heridas
abandonadas por el salitre
a una suerte que dejó de ser suya
con aquel último beso.


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